De la misma nos fuimos al otro lado del río, donde está el puerto deportivo y las zonas chulas para visitar. La verdad es que es una zona muy bonita, todo muy nuevo, con algunos rascacielos, un faro y casitas con tiendas y restaurantes. Del estilo de San Diego. Nos pedimos algo para comer, aunque nos putearon un poco porque íbamos con la idea de meternos un steak de NY y resultó que solo lo servían para cenar, así que nada, a seguir con la dieta del pollo. Una vez llenado el depósito (no habíamos desayunado) fuimos a dar una vuelta en coche por la zona de la playa y una villa con un lago y canales llamada Nápoles. Después de esto volvimos a coger otra vez la autopista en dirección Los Ángeles.
Aparcamos cerca del centro y empezamos el pateo. A lo lejos vimos el Disney Music Concert Hall así que nos dirigimos hacia allí. El edificio es exáctamente igual al Guggenheim de Bilbao, solo que un poco más pequeño y de acero en lugar de titanio. Está claro que el Gery se la metió doblada a los de Bilbao. Seguimos rumbo a los rascacielos y vimos el que revientan en The Independence Day y otros más que había por allí. La verdad que la ciudad estaba bastante muerta, aunque ya sabíamos que LA no era gran cosa. Estuvimos también en una plaza famosa donde un poli nos llamó la atención por pisar un empedrado tipo al del ayunta que debía ser un monumento a vete a saber qué, pero en cualquier caso lo fuerte es que tuviesen a un poli vigilando que nadie pisase el suelo... La verdad que había bastantes policías custodiando plazas vacías y cosas así, curioso. También había patrullas en bici que por lo que vimos se dedicaban a impedir a los vagabundos estar tirados por las calles. Después de hacer una parada en Macys (ey! por fin encontré unos pantalones de mi talla!!) y de camino hacia la nada nos topamos con el Staples Center donde juega nuestro colega Gasol, pero claro, habiendo acabado la liga estaba todo cerrado. Al lado estaban preparando un recinto donde parecía que iba a haber un show de skater, bmx y quizás también free style. Una vez en este punto decidimos ya volver, pero andabamos un poco perdidos así que después de preguntar un par de veces conseguimos enfilarnos hacia el coche y, no habiendo visto ningún sitio decente para comer, decidimos darnos una cena de lujo en el Sevilla de Long Beach.
Por fin llegamos y nos atendió una colombiana muy maja que nos empezó a aconsejar cosas como si no supiéramos ya lo que queríamos... El caso es que todo lo de la carta era comestible y se nos hacía la boca agua. Finalmente tras plantearnos comer un Basque rabbit, por aquello de que son difíciles de cazar, nos decantamos por una paella valenciana que tenía de todo: gambas, almejas, mejillones, chistorra, morcilla, chorizo y más. La verdad es que nos cepillamos todo, incluso conseguimos pan que no era salado ni nada raro. Estos dos maricones muertos de hambre me amargaron el final del plato porque les hacia gracia que anduviese rebañando el arroz, como si no lo hubiesen hecho ellos 5 minutos antes...
Después de llenarnos las panzas y con la sonrisa puesta, nos fuimos a la barra a tomarnos algo que aún eran las 10 y había música en directo así que no se podía desperdiciar vivir un rato más, casi como en casa. La colombiana nos presentó a unos amigos con los que estaba que eran de BCN y de Granda y más tarde Javi se puso a hablar con unas chicas mejicanas que estaban al lado. Les contamos un poco la aventurilla de Tijuana y nos dieron algunos consejos para Las Vegas. Con un poco de rabia de no haber salido por allí de fiesta el Sábado (el restaurante tenía una parte de discoteca) nos despedimos y nos fuimos para el motel que al día siguiente tocaba irse a Las Vegas.

