Nos hemos puesto el despertador a las 7 con intención de echar a andar sobre las 8. Cuando ya teniamos todo listo para montar en las bicis nos hemos percatado que faltaban las llaves del candado de Javi...
Tras buscar por todas partes durante una hora y cuando estábamos intentando que el francés del Albergue nos entendiese que necesitábamos una cizalla justo aparecieron las llaves en el alero de la ventana bajo la cual estaba candada la bici... un minipunto para Javi y casi las 9.
Compramos unos bocadillitos para desayunar, dos platanos, dos barritas y para arriba por fin. Las primeras rampas demoledoras, algo de tregua y mas subidas.
Cuando acaba la subida empiezan los caminos de cabras, pie a tierra y a arrastar los 25kg de bici ladera arriba. Todo esto con una sobrecarga en los cuádriceps que no sabia si podría dar un paso mas y parando cada 10 minutos a coger aire.
Ahí vimos a unos brasileños que se habian hecho las ultimas rampas montados y estaban muertos, eso sí, no llevaban ni la mitad de alforjas.
En fin, esto es el resumen de lo que sería un tercio del ascenso. Después ya vino una zona mas suave que nos permitía subir montados salvo algun trozo puñetero. Ya casi arriba coincidimos en una fuente con una pareja que llevaban unas cannondale monobrazo de 7kg y sin alforjas que nos dejaron ojiplaticos. El truco estaba en que habian contratado porteadores para llevar el equipaje. Asi cualquiera! Bueno no, que los 1300m hay que subirlos si o si.
Iniciamos por fin el descenso a Roncesvalles combinando suelos de hojarasca con zonas de lapiaz y otras de bosque muy chulas.
También hubo que cruzar algún que otro río...
Una buena embarrada y al fin en Roncesvalles comentando mientras devorabamos unos bocadillos que menos mal que ya seria todo bajada hasta Pamplona.
Y sí, era todo bajada menos las subidas demoledoras que daban a otra bajada. Lo malo es que las bajadas eran trialeras y partes muy tecnicas que nos machacaban los brazos y el culo, vamos que jos queriamos morir y aún quedaban mas de 30km para llegar.
En fin, tras decenas de salidas de cadena y de caida de alforjas llegamos a pamplona no se ni cómo. Nos tiramos en un parque y llamamos a los albergues con la grata noticia de que no había sitio.
Tuvimos que pedirle sopitas a Bego para darnos cobijo y ya una vez duchados nos fuimos a un buffet chino. Yo comi mas que en una boda y al de media hora ya volvia a tener Hambre. Sin duda en este viaje yo solo pedaleo pensando en el próximo pueblo donde podre comer algo y Javi sobrevive de fuente en fuente.
Por último antes de acostarse un buen combinado de aspirinas y antiinflamatgorios para no tener agujetas al día siguiente...








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